“La Templanza” de María Dueñas

Mi abuelo Paco con 85 años tenía una memoria portentosa lo mismo te cantaba la misa completa en latín, que te recitaba los pecados capitales y las virtudes para combatirlos: contra la soberbia humildad, contra la pereza diligencia, contra la lujuria castidad, para la ira paciencia, contra la gula templanza, para la envidia caridad y contra la avaricia generosidad. Esos resabios le quedaron de su pasado como monaguillo, bueno y un poco de manía al clero al que tachaba de peseterosla_templanza.

La templanza asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. Pues con esa virtud tiene que enfrentar el protagonista de La Templanza de María Dueñas la que se le viene encima.

La novela comienza en la segunda mitad del siglo XIX en México, donde un viudo acaudalado ve cómo en un instante la cómoda vida que ha conseguido con mucho sacrifico se va al cuerno. Mauro Larrea, un emigrante que llegó a México con lo puesto y dos hijos pequeños le arranca a las entrañas de la tierra su fortuna y una aventajada posición social, pero la Guerra de Secesión norteamericana le asesta un golpe que lo empuja a tener que reinventarse, a volver a empezar comenzando por la Habana y teniendo que regresar a una España que ya le resulta extraña. Arrastra la maldición del emigrante, que no es de ningún sitio: en México es un gachupín y en España un indiano.

El protagonista que yo me imagino como un Jordi Revelló, alto, y vestido a la moda según requiera la ocasión, inicia su quijotesca aventura acompañado de su peculiar Sancho chichimeca, que cuenta con el sonoro nombre de Santos Huesos Quevedo Calderón, y está como él acostumbrado al trabajo duro y a hacer lo que hay que hacer en cada momento: lo mismo te limpia una casa que rompe un par de pulgares a un personaje molesto.

El vocabulario es jugoso y evocador y nos ubica de forma precisa en cada ciudad y la época, la autora ha debido de hacer un trabajo de documentación tremendo: México, Veracruz, la Habana, Cádiz y  distintas clases sociales.

Mauro Larrea vive múltiples aventuras mientras persigue a la esquiva fortuna, una partida de billar maratoniana hace que la suerte empiece mostrarse complaciente en Cuba y le lleva de vuelta a su país, al que nunca pensó regresar, donde puede que encuentre la solución a todos sus problemas, o no, eso ya lo tendréis que descubrir vosotros.
A pesar de que en la introducción me tiro el rollo con los pecados capitales, simplemente para recordar a mi abuelo, permitidme la debilidad y “perdón por la tristeza” que diría Sabina, La Templanza son unas propiedades que tendrán una importancia capital en la novela, son el talismán que puede devolver a Larrea su vida o simplemente un lugar en el mundo.

La Templanza, María Dueñas, Editorial Planeta 2015



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