Las cenizas de Ángela

Miseria, alcoholismo, muertes prematuras, abandono familiar, un cuadro dePOrtada de las cenizas libro la Irlanda de la primera mitad del siglo XX visto a través de los inocentes ojos del niño que fue Frank McCourt , que ganó el Pulitzer con esta novela única.

Francis vive en Nueva York con sus padres irlandeses y sus tres hermanitos. El fallecimiento de su hermana Margaret (varios niños de la familia fallecen a lo largo de la historia) deja a su madre, Ángela, postrada y a su padre más borracho de lo normal (una constante en este hombre). Los infantes se ven abandonados y el entorno lo único que ve viable es que regresen a Irlanda. El viaje de vuelta con el rabo entre las piernas es una Odisea que los llevará primero al norte de Irlanda de donde es originario el padre,  pero allí nadie les recibirá con los brazos abiertos por lo que tendrán que regresar al pueblo de origen de Ángela, Limerick, donde la vida que soportará  la familia es deprimente, sucia, pobre,  si no fuera por el sentido del humor con el que nos la cuenta Francis , hermano mayor y protagonista de esta historia, cerraríamos la novela tras la primera hoja.

“En todas partes hay gente que presume y que se lamenta de las penalidades de sus primeros años, pero nada puede compararse con la versión irlandesa: la pobreza; el padre vago, locuaz y alcohólico; la madre piadosa y derrotada, que gime junto al fuego; los sacerdotes pomposos; los maestros de escuela, despóticos; los ingleses y las cosas tan terribles que nos hicieron durante ochocientos largos años.

Sobre todo…estábamos mojados.”

mccourtLa Conferencia de San Vicente de Paul, la familia con la envidiosa tía Angie, la abuela y el retardado tío Pat  y sus limosnas serán la primera humillación en el vía crucis que la familia McCourt inicia tras su regreso a Limerick. Los padres que son los que deberían procurar una infancia segura a su prole son débiles, no tienen la fortaleza suficiente para afrontar la vida gris de Limerick ni supieron aprovechar las oportunidades de América. El padre alcoholizado que, aunque cariñoso en casa, en cuanto tiene dinero se lo gasta en pintas y la madre que se echa a morir cada vez que le sucede  una desgracia más, no saben proteger a sus hijos y los familiares endurecidos por la vida peliaguda que también les ha tocado poco cariño les pueden dar. El punto de inflexión del libro se produce cuando el padre de familia se va a trabajar a Inglaterra como muchos otros, los niños ven como sus vecinos reciben cheques y mejoran pero ellos no. Ese irlandés del norte al que nadie quiere salvo su madre deserta y los abandona. Parecía que nada podía empeorar más pero la ausencia del poco resolutivo padre hace que tengan que depender del primo de Ángela, Laman,  y su interesada protección.

Francis con su gracia, su sencillez  y sentimentalismo( y ese aire raro que ha heredado de su cantarín padre) interpreta su realidad de forma cómica y con un gran sentido del humor con dardos envenenados para el catolicismo, el fanatismo patriótico y todo lo que se le cruza en su camino.

 “Llegamos a la iglesia justo a tiempo de ver al último niño apartarse de l barandilla del altar, sonde estaba el sacerdote con el cáliz y la hostia mirándome fijamente, furibundo. Después me puso en la lengua la hostia, el cuerpo  y la sangre de Jesús. Al fin, al fin. La tengo en la lengua. La retiro. Tenía a Dios pegado en el paladar. Me sonaban en los oídos las palabras del maestro: No toquéis la hostia con los dientes, porque si partís a dios en dos de un mordisco arderéis en el infierno para toda la eternidad. Intenté despegar a Dios con la lengua, pero el sacerdote me susurró  – Deja de hacer ruido con la lengua y vuelve a tu asiento. Dios fue misericordioso. Se disolvió, yo lo tragué y por fin era miembro de la Iglesia Verdadera, era pecador oficial”.

Las  peripecias del protagonista de Las cenizas de Ángela, su infancia como niño pobre ycartel_las_cenizas_de_angela_0 hambriento que se busca la vida como puede,  hasta que consigue abandonar Limerick, a pesar de lo tristes que son te acaban insuflando optimismo, porque si ellos pudieron sobrevivir a todo eso, con dientes podridos y ojos legañosos, se puede superar lo que sea, y si no siempre podemos decir que nos importa todo un pedo de violinista y tirar para delante.

Deberes para lectores caóticos: habéis visto la película de 1999 con Emily Watson como la fumadora Ángela y Robert Carlyle como el padre con origen norteño y aire extraño, qué preferís la versión cinematográfica  o el libro.


Las cenizas de Ángela, Frank McCourt. Editorial Maeva, 1997.

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