Magia en la librería

Parecía un cliente más, puede que se moviese con más premura que el resto y emanase un olorcillo a invernadero (mandrágora quizás, a que huelen las mandrágoras, por cierto)… pero por las mañanas una siempre está más sensible a según qué aromas… De pronto murmuró: – ¡Malditos muggles, van a terminar descubriéndonos!… y desapareció. Solo lo vi, oí y olí yo, también es verdad que tenía la nariz metida en el último libro de Harry Potter, ¿sugestión? Prometo que aun no había bebido, eran las 11 de la mañana, no soy una anglosajona cualquiera de vacaciones en Canarias, solo una humilde trabajadora en el alambre cultural . Qué hago: llamo a Iker Jiménez o a un médico directamente. La sombra de Harry Potter y el legado maldito es alargada.

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