Frankenstein me ronda

Dicen las malas lenguas que siempre tengo pretendientes raros, o al menos peculiares, si alguno lee esto que conste que que no escribo desde el rencor, simplemente es lo que comentan mis amigos, lo harán desde el cariño para que yo no tenga la culpa de que el tema no cuaje, pero os defiendo, que lo sepáis. Esta aclaración resulta necesaria porque el más raro de todos mis ligues es el último: Frankenstein me corteja. Para mí que este va a hacer buenos a todos los demás.

Hace meses que el moderno Prometeo anda rondándome desde series de televisión como mi 1931-frankenstein-boris-karloff-12recortado
adorada Penny Dreadful (por qué Eva Green, por qué nos abandonaste si éramos legíón), películas como El jovencito Frankestein, El espíritu de la colmena o el clasico de 1931 con Boris Karloff. También Frankie me acecha desde la intensa vida profesional de mi coetánea Espido Freire a la que sigo de forma incondicional en Instagram y a través de su blog, es una fuente de inspiración constante, os recomiendo sus perfiles. La Freire participa en un proyecto precioso, inquietante, mágico, tétrico, romántico, podría seguir eternamente pero para que entendáis la magnitud y originalidad de Los hijos de Mary Shelley os dejo el enlace, ya aviso que en cuanto pueda me voy a una de esas escapadas literarias, estoy por hacer un crowdfunding:

¡si me queréis mandadme de viaje!

La Compañía Hijos de Mary Shelley comenzó a llamar mi atención al salir en los papeles allá por septiembre ya que inauguraron la temporada teatral de la sala de la Princesa : El hogar del monstruo con monólogos de Freire, Vanesa Montfort, José Sanchís y Fernando Marías, un caramelito. Verdad que cada vez mi nuevo pretendiente aparece a través de plataformas más atrayentes, ya no me fijo tanto en los tornillos y las cicatrices, además tiene buenas referencias, Mel Brooks, Víctor Erice, J.A. Bayona…

La semana pasada una amiga que es la Buzz Lightyear  de la búsqueda de vida cultural en la tierra, ¡hasta el infinito y más allá!, sí Saray eres tú, descubrió unas actividades de el LABshop de LABoral “para entender mejor la novela de Shelley y celebrar su bicentenario”, estas jornadas se desarrollarán el 17 y el 18 de diciembre bajo el título “Descifrando a Frankenstein”…más coincidencias.

Visto lo visto, qué opináis, ¿el monstruo me pretende o qué? está claro que me persigue, qué quiere de mí ese hombre echo de retales sobrantes, me lancé a la acción y empecé por el principio: estudiar sus antecedentes familiares: un verano, el de 1816, Ginebra y una chimenea en torno a la que cuatro míticos oradores se comportan como en una reunión de boy scouts culturetas y comienzan a idear historias de miedo, ellos son: Lord Byron, Percy Shelley, John Polidori y mi futura suegra, Mary Shelley. Solo parió en esa tétrica soirée la buena de Mary y fue el monstruo que me tira los trastos el que vio la luz, más bien las sombras.

Es cierto que este verano fue el bicentenario de esa reunión y que de ahí tanta cobertura mediática, supongo que la gente que no tenga la mente tan  viva a y propensa al fantaseo no se obsesionará con que tras cualquier esquina le puede asaltar un Frankenstein enorme y aterrador, aunque mis delirios contemplan más la aparición de un Kiko Veneno travestido, soy niña de La bola de cristal. Hay varias opciones, quizá algunos contemplen que debería medicarme, yo simplemente leeré la novela, otra vez, y esperaré paciente a la par que alborotada, a ver dónde vuelve a aparecer mi criatura parcheada, nunca se sabe, alerta quedo.

 

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